jueves, 20 de enero de 2011

Bibioj

Segundo día de la salida navideña a la montaña. El destino está claro:


¿Que no conocéis Bibioj? ¿Cómo? No puede ser, no me lo creo. Bibioj es un lugar peculiar, impactante, misterioso... todo un descubrimiento.

Pero pronto llegaremos a Bibioj, antes hay parte del día que contar. JR y yo nos levantamos en la masía Les Pedroses no demasiado pronto y luego de desayunar y recoger estudiamos el mapa del camino que íbamos a seguir. Cerramos bien la casa y con el coche nos dirigimos hacia nuestro lugar de inicio. El caso es que mientras nos preparábamos en la casa JR pudo comprobar como el calcetín le había producido dos enormes rozaduras por encima del talón, donde todavía la bota cubre el tobillo. Nada como remedios caseros para tratar de aliviar el dolor.



Después de un rato de carretera y de pista aparcamos el coche en el margen del camino y cogimos la pista que se dirige hacia la antigua mina de yeso. El paisaje era vistoso y se distinguían qué lugares se quemaron hace menos de 20 años y cuáles no. Descendimos el camino hasta el río poco a poco, pero a JR le seguían molestando las heridas. La luna, pese a lo avanzado de la mañana, todavía es visible en el cielo.




Sin embargo nada más llegar abajo nos dimos cuenta de que iba a ser imposible acabar la jornada, por lo menos a pie. Subiendo las cuestas JR ve las estrellas (la luna ya la habíamos visto), así que tras un breve intercambio de impresiones decidimos no forzar la situación, darnos una vuelta por la mina de yeso y cambiar de planes.

La mina de yeso resultaba bastante peculiar. El interior de la antigua mina a cielo abierto parecía transportarte a un paisaje marciano, cambiando el rojo por el blanco, claro está. Pudimos ver un horno y los restos de la casa que estaba junto a la mina. Subimos un poco por el antiguo camino que ascendía junto a la derecha de la mina, pero dadas las circunstancias volvimos a cruzar el río y dimos Bibioj por esta vía por perdido.



La subida de nuevo hacia el coche fue lenta, pero disfrutando de los enormes pinos y vistas mientras hablábamos de la deforestación de estas tierras hasta el éxodo rural de los 50 y 60 del siglo pasado y recogíamos alguna muestra de hierro y demás minerales. Una vez arriba del todo y después de investigar un pequeño grupos de masías abandonadas nos dirigimos a Villahermosa del Río, que como dice el saber popular ni es villa, ni es hermosa ni tiene río (aunque no todo sea cierto).



Después de visitar el pueblo y de una paradita gastronómica, como no podía ser menos, volvimos a liarnos la manta a la cabeza y decidimos llegar a nuestro primigenio objetivo: Bibioj. Tengo que reconocer que antes de ese día no había oído hablar de Bibioj en mi vida. Está enclavado al principio de un valle, en el macizo de Peñagolosa, como dirían los de Cortes, y a sus espaldas nacen tres pequeños riachuelos. A JR había sido LP la que le había hablado de tan misterioso lugar porque durante el verano que trabajo en las brigadas forestales llegaron a estar a un solo quilómetro de distancia.



Lo primero que encuentra uno al llegar a Bibioj es esto:

Raro, raro, raro, como hubiese dicho uno de los ginecólogos de mayor prestigio que ha tenido este país. Pero es que justo detrás están las antiguas escuelas, parcialmente reformadas. Entrando por alguna de las puertas uno se encuentra desde juguetes hasta un pequeño motor que no hace mucho que han dejado de usar. JR y yo nos mirábamos preguntándonos qué era todo aquello. Pese a no poder abrir la puerta principal sí pudimos ver a través de las ventanas sucias como la casa estaba perfectamente acondicionada para vivir. Era como si alguien hubiese salido de allí corriendo esperando volver al poco tiempo, pero nunca hubiese regresado. No pudimos averiguar más, pero al llegar a casa tecleé rápidamente Bibioj en google y comprobé que no era el único al que le había llamado la atención. Ya sabéis qué hacer si queréis saber más.

Estando allí aprovechamos la ocasión para visitar el antiguo pueblo, casi completamente derruido y abandonado, probablemente hace más de 40 años. Todavía se mantiene alguna casa en pie. Son muchos los pueblos, pedanías, masadas o masías abandonados que he podido visitar desde pequeño, pero ninguno tan sobrecogedor como Bibioj. Es un lugar que desprende un enorme halo de misterio. 



Dicen que todos los caminos llevan a Roma y sensu contrario podemos deducir que no todos llevan a Bibioj. La visita dejó muchas dudas por resolver ¿De donde vendrá ese nombre tan extraño?¿Hasta cuándo vivió alguien aquí?¿Qué paso con la familia vivía en las escuelas?¿Cómo era la vida en estos lugares hace 100 años? En fin, otra experiencia más que pone punto y final a nuestra salida navideña 2010. El año que viene seguiremos descubriendo parte de la provincia de Castellón y descubriendo nuevos lugares misteriosos como Bibioj y espectaculares paisajes como los que nos rodearon durante dos días.

1 comentario:

depiedraenpiedra dijo...

Que asunto eso de Bibioj, no lo había oido en la vida, y ahora, buscando buscando leo hasta que es un lugar donde hay fenómenos paranormales... :S
Pues habrá que subir un día, a ver qué hay...
salud!